Relatos Extraordinarios

Relato de ficción

Despertar en una nave que oculta la Tierra

Despiertas en una nave sin puertas, con una marca azul en la muñeca y una voz que te advierte que no debes regresar.

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Despiertas boca arriba, pero no hay cama. Hay una superficie tibia que copia la forma exacta de tu cuerpo, como si hubiera estado esperándote durante años. Sobre ti, una luz blanca palpita al ritmo de un corazón que no reconoces.

Lo primero que piensas es hospital. Lo segundo, accidente. Recuerdas el paso de peatones, la lluvia, unos faros demasiado cerca… y luego este silencio redondo, sin esquinas, sin puertas, sin mundo.

Intentas levantarte. La sala entera se inclina contigo, suave, como el interior de una burbuja. En tu muñeca hay una marca azul, recién hecha, y bajo la piel se mueve algo diminuto.

«No lo toques. Si lo arrancas, olvidarás por qué suplicaste subir.»

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La voz no viene de ningún altavoz. Sale de las paredes, del suelo, de tus dientes. Frente a ti aparece una ventana, aunque jurarías que antes no estaba. Afuera, la Tierra flota demasiado cerca, enorme, quieta, cubierta por nubes en espiral.

«No mires mucho. Todavía está formándose en tus recuerdos.»

Entonces la ventana cambia. Ya no muestra el planeta, sino una calle mojada. Tu calle. Un coche detenido. Gente gritando. Y en el asfalto, bajo la lluvia, ves tu cuerpo exactamente donde debería estar.

Das un paso atrás. La pared se abre como una pupila y revela un pasillo lleno de cápsulas. Dentro duermen personas de todas las edades, con ropa de épocas distintas. En cada cápsula hay un nombre. Algunos están escritos en lenguas que ya no existen.

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Al fondo encuentras una cápsula vacía. Tiene tu nombre. Debajo, una frase grabada en metal negro: devolución rechazada por contaminación de recuerdo.

«La mayoría despierta llorando. Tú despertaste antes de tiempo. Eso significa que una parte de ti todavía cree que la Tierra es real.»

La marca de tu muñeca se enciende y proyecta un mensaje. No es de ellos. Es tu propia voz, más cansada, más vieja, diciendo: si despierto dentro de la nave, que nadie me devuelva. Abajo ya no queda nadie, solo copias.

Miras otra vez por la ventana. Las nubes se apartan. Las ciudades brillan con una precisión imposible, encendiéndose todas al mismo tiempo, como un decorado. Y en el cristal aparece tu reflejo… sonriendo antes que tú.

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