Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El Belén de los Ausentes en la sierra de Granada

Granada

Elena monta un belén con recuerdos de los muertos del pueblo, hasta que encuentra una figura con su rostro y su propio cabello.

Elena abre la ermita helada; el eco de campanas acompaña su respiración contenida.

Sobre mesas interminables descansa el Belén de los Ausentes, pesebre gigantesco, silencioso, expectante.

Cada figurita guarda cabello, uñas o tela del difunto; devoción macabra aceptada por todo el pueblo.

Elena revisa cajas etiquetadas cuidadosamente; nombres escritos a pulso tiemblan bajo la luz amarillenta.

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En el fondo, una caja sin nombre; madera arañada, cinta deshecha, olor metálico apenas perceptible.

Dentro, una figurita diminuta con el rostro exacto de Elena, ojos vidriosos, sonrisa torcida.

Entre sus manos de barro, un mechón verdadero de su cabello, cosido con hilo negro.

«Esto es una broma enferma. ¿Quién ha hecho esto, y cuándo tocaron mi pelo?»

Nadie responde; solo cruje la madera del retablo, como si respirara junto a ella.

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Esa noche, en su casa, Elena despierta; escucha campanillas del Belén tintineando en el pasillo.

Encuentra el Belén montado; algunas figuras han cambiado de sitio, mirándose entre sí conspirativamente.

La figurita de Elena ahora descansa en el portal, ocupando lugar central junto al Niño.

Sobre el corcho, otra figura avanza milimétrica, dejando huellas de yeso hacia la puerta de la casa.

Elena se ve reflejada en la ventana: sus ojos vacíos, de barro. Detrás, alguien respira con su voz.

Este relato nació como un vídeo

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