Relato de ficción
El cementerio en miniatura de una casa de Soria
Soria
Cada invierno, Clara cumple una tradición familiar en una casa de Soria, pero esta vez el cementerio de madera guarda algo inesperado.

La nieve cubre el pueblo soriano; Clara regresa sola a la casa familiar crujiente.

En el desván, el diminuto cementerio de madera aguarda, sepultado bajo polvo y telarañas.
Su bisabuelo lo talló entero: cipreses mínimos, lápidas torcidas, una verja casi invisible.
Cada invierno, Clara coloca figuritas nuevas por cada pariente aún respirando, tradición ridícula.
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Esta vez, al abrir la urna, encuentra más tumbas talladas que familiares vivos recuerda.
Cuenta en susurros: tíos, primos, abuela; sus dedos tiemblan al ver huecos sobrantes, inquietantes.
Entre cruces minúsculas, una lápida lleva su nombre, grabado con precisión monstruosamente delicada.

Bajo el nombre, una fecha de muerte futura, escrita con calma imposible, inapelable.
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La casa cruje; Clara siente que alguien respira detrás, oliendo a madera húmeda ancestral.
En un rincón, descansan figuritas suficientes para llenar todas las tumbas aún vacías.

Comprende que, algún invierno cercano, solo el cementerio recordará que su familia existió.
Coloca una figurita diminuta sobre su tumba; encaja demasiado bien, como predestinada.
Al apagar la luz, oye pequeñas palas cavando dentro de la madera, preparando su sitio.
Este relato nació como un vídeo
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