Relato de ficción
El corazón delator: un latido bajo las tablas
Obsesionado con el ojo de un anciano, un hombre prepara un crimen perfecto, pero un sonido amenaza con traicionarlo.

Su ojo. ¡Ese ojo de buitre! Era de un azul pálido, con una película que lo cubría. Cada vez que me miraba, se me helaba la sangre. Tenía que librarme de él para siempre.
Durante siete noches, entré en su cuarto mientras dormía. Llevaba una linterna sorda, con un solo rayo de luz fino como un hilo. Y cada noche, apuntaba el rayo hacia su ojo. Pero siempre estaba cerrado.
Pero en la octava noche, el viejo se despertó. Se sentó en la cama, gritando: "¿Quién anda ahí?". Permanecí inmóvil durante una hora. Entonces, abrí la linterna. ¡Estaba abierto! ¡El ojo me miraba!
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Oí un latido. Era el corazón del viejo. ¡Latía cada vez más fuerte! ¡Más rápido! ¡Más FUERTE! Temí que los vecinos lo oyeran. Con un grito, salté sobre él.
Lo descuarticé. Corté la cabeza, los brazos, las piernas. Levanté tres tablas del suelo y lo escondí todo debajo. No había ni una mancha. Ni una sola gota de sangre. Un trabajo perfecto.
A las cuatro de la mañana, llamaron a la puerta. Eran tres agentes de policía. Un vecino había oído un grito. Sonreí. ¿Qué tenía que temer?
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Les invité a pasar, a registrar la casa. Les traje sillas y nos sentamos a charlar en la misma habitación. Coloqué mi silla justo encima de las tablas que ocultaban el cadáver.
De repente, empecé a oír un ruido. Un zumbido sordo. Me dolían los oídos. Hablé más alto para no oírlo, pero el sonido crecía y crecía.
¡Bum! ¡BUM! ¡BUM! ¡Era el latido del corazón! ¡Cada vez más fuerte! Los agentes no oían nada. ¡Sonreían y charlaban! ¡Seguro que lo sabían! ¡Se estaban burlando de mi horror!
¡No soportaba más sus sonrisas hipócritas! "¡Basta ya de fingir!", grité. "¡Arranquen estas tablas! ¡Aquí... aquí está el latido de su espantoso corazón!"
Este relato nació como un vídeo
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