Relatos Extraordinarios

Relato de ficción

El rostro emparedado del caserón heredado

Javier descubre unos daguerrotipos ocultos en la casa de su abuelo: las fechas cambian, pero una misma mirada atraviesa los siglos.

Javier llega solo al caserón heredado, rodeado de campos secos y silencio antiguo.

La casa huele a yeso viejo y humedad; las paredes parecen contener un murmullo enterrado.

En el pasillo principal, una zona del enlucido abombado dibuja un rectángulo sospechosamente perfecto.

Golpea el yeso; suena hueco. Comienza a picar hasta abrir una oquedad polvorienta.

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Del hueco emergen viejos daguerrotipos, apilados como ladrillos, envueltos en telarañas y ceniza.

En el primer retrato, una familia rígida. Todos miran cámara, pero solo unos ojos destacan.

En cada fotografía, décadas separan las fechas, pero siempre reaparece la misma mirada imposible.

Siglos pasan entre placas, ropas cambiadas, escenarios distintos. Los mismos ojos, idéntica expresión hambrienta.

Javier siente el corazón encogerse al encontrar un daguerrotipo reciente, fechado hace apenas pocas décadas.

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La fecha coincide con la muerte de su abuelo. En la imagen, los ojos casi familiares.

Al fondo del hueco, una última placa velada, la emulsión parda, el rostro inacabado.

Con un paño limpia el vidrio. Bajo la neblina química, las facciones empiezan a definirse lentamente.

Se reconoce en el contorno de la mandíbula. Los ojos, aún borrosos, comienzan a abrirse desde dentro.

Las luces parpadean. El cristal palpita caliente. Javier comprende que la fotografía terminará de revelarse esta noche.

Este relato nació como un vídeo

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