Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El Salto: una eternidad en el viaje a Marte

Marte

Viajar a Marte es instantáneo, pero exige estar dormido. Un niño demasiado curioso quiere descubrir qué ocurre si permanece despierto.

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Ilustración · Tecnología maldita

Imagina poder viajar a Marte en un abrir y cerrar de ojos. En el siglo veinticuatro, la humanidad lo llama "El Salto". Es rápido, es eficiente... pero esconde un secreto aterrador.

Hay una regla de oro para usarlo: jamás, JAMÁS, debes hacerlo despierto.

Cuando lo inventaron, los primeros seres vivos que lo probaron, unos simples ratones, murieron de puro terror o se volvieron locos al reaparecer.

Los científicos descubrieron la horrible verdad: tu cuerpo físico viaja al instante. Pero tu mente, si está consciente, queda atrapada en un vacío blanco infinito.

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Ese instante se percibe como una eternidad de soledad absoluta. Millones, quizá miles de millones de años, a solas con tus propios pensamientos.

El primer voluntario humano que lo probó consciente reapareció con el pelo completamente blanco y antes de morir de shock, gritó: "¡Es la eternidad ahí dentro!".

Por eso, la única regla es dormir. Un gas anestésico te noquea para que tu mente no experimente el horror del viaje.

Ahora, una familia se prepara para saltar a Marte. El padre les cuenta esta historia a sus hijos para advertirles del peligro.

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Pero su hijo de 12 años, Ricky, no siente miedo. Siente una inmensa y peligrosa curiosidad.

Al llegar a la terminal de Marte, la familia despierta. Todo parece normal... hasta que escuchan un grito agudo y espeluznante.

Es Ricky. Su pelo es blanco como la nieve y sus ojos son los de un anciano loco. Se está arrancando la cara mientras grita sin parar...

«¡Es más largo de lo que creen! ¡Mucho más largo!»

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