Relato de ficción
El soldado que brillaba entre la niebla
Perdidos entre la niebla y el fuego de la guerra, unos soldados siguen a una figura luminosa que parece conocer el camino.

La niebla era un muro blanco. Estábamos perdidos. El frío se aferraba a los huesos y el miedo era nuestro único compañero.
Entonces, una luz. Suave, cálida. No era una bengala ni el fogonazo de una explosión. Era algo distinto.
De entre el velo lechoso surgió una figura. Un soldado, erguido y tranquilo, bañado en esa luz serena.
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No pronunció palabra. Solo nos hizo un gesto con la cabeza, una invitación silenciosa a seguirle.
Avanzamos. El barro, los cráteres, el alambre de espino... nada parecía tocarlo. Flotaba sobre el campo de batalla.
Nos guio a través del laberinto de la muerte. El silencio era total, roto solo por el latido de nuestros corazones.
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De repente, la niebla se disipó. A lo lejos, las luces de nuestro campamento. Estábamos a salvo.
Nos volvimos para darle las gracias. Pero el soldado luminoso se había desvanecido.
En el puesto de mando, describimos a nuestro salvador. El capitán nos escuchó, su rostro cada vez más pálido.
"Ese hombre", dijo el capitán, mostrándonos una foto. "Se llamaba Antoine. Murió en este mismo sector. Hace tres semanas".
Este relato nació como un vídeo
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