Relato de ficción
El telefonillo del piso vacío suena de madrugada
Un telefonillo suena cada noche a las dos y diecisiete en un piso vacío. Cuando un técnico lo revisa, descubre que lleva años desconectado.
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Durante tres noches, Pilar escuchó un telefonillo sonar detrás de la pared de su dormitorio. Siempre ocurría a las dos y diecisiete.
Al principio pensó que sería un despertador o algún aparato olvidado. Pero el sonido procedía del 4.º B, un piso vacío desde hacía nueve años.
La cuarta noche, Pilar salió al rellano para comprobarlo. El telefonillo seguía sonando dentro del piso vacío. Un instante después, la puerta del portal se abrió con su característico zumbido eléctrico.

A la mañana siguiente, la presidenta de la comunidad llamó a Marcos, un técnico de porteros automáticos. Ambos entraron en el 4.º B.
No había muebles. Solo polvo y un viejo telefonillo colgado junto a la puerta.
Marcos retiró la carcasa. El cable estaba cortado y cubierto por varias capas de pintura.
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«Este aparato lleva años desconectado. No puede sonar.»
Marcos sospechó que el ruido podía venir de otra vivienda y resonar a través de la pared. Por eso regresó aquella noche y esperó dentro del 4.º B.

A las dos y diecisiete, el telefonillo sonó en la oscuridad.
«Soy Marcos, el técnico. ¿Quién llama?»
«¿Puede abrirme? Vivo en el cuarto B.»

Marcos apartó lentamente el auricular. Antes de que pudiera responder, el mecanismo del portal zumbó cuatro plantas más abajo.
La puerta de la calle acababa de abrirse sola.
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Entonces el ascensor comenzó a subir. Se detuvo en la cuarta planta y abrió sus puertas. Dentro no había nadie.

Marcos salió del edificio con el telefonillo guardado en su caja de herramientas. Quería desmontarlo al día siguiente y descubrir qué había provocado la llamada.
Aquella noche, ya en su casa, el aparato volvió a sonar dentro de la caja. Eran las dos y diecisiete.
«Gracias, Marcos. Ya no estoy en el cuarto B.»
En la planta baja del edificio de Marcos, la puerta del portal se abrió sola.
El ascensor comenzó a subir. Marcos observó los números avanzar hasta que se detuvieron en su planta.
Al otro lado de la puerta de su casa, las puertas del ascensor se abrieron.
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