Relato de ficción
El vals de madrugada en un pueblo de Zamora
Zamora
Durante una verbena en Zamora, Dani ignora la advertencia de su abuela y acepta bailar un vals que hace que los mayores se retiren.
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Un pueblo de la provincia de Zamora, dos mil vecinos. Las fiestas empiezan el jueves y terminan el domingo, y esos cuatro días el pueblo se pone en seis mil.
Dani tiene veintisiete años y vuelve cada agosto a casa de su abuela Amparo. Duerme en la habitación de siempre, con la ventana justo encima de la plaza donde montan el escenario.

La orquesta hace dos pases. El primero es para todo el pueblo. El segundo empieza pasadas las tres, cuando los mayores ya se han ido y en la plaza solo queda gente joven.
«Yo me subo siempre antes del segundo pase. Y si oyes un vals que no hayas oído nunca, súbete tú también.»
«Abuela, que es una canción.»
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El sábado, después del descanso, Dani vio a una chica parada en el borde de la pista. Vestido claro, zapatos planos, sola. No hablaba con nadie y no llevaba el móvil en la mano.
Estuvo así tres canciones enteras, sin moverse, mirando hacia donde estaba él.
A las cuatro menos cuarto la orquesta se detuvo entre tema y tema. El cantante no anunció nada. Y arrancó un vals lento que Dani no había escuchado en su vida.
La pista se deshizo por los bordes. Los pocos mayores que quedaban se apartaron sin prisa, recogiendo sus sillas, como quien ya sabe lo que viene.

«¿Bailas?»
Ella ya tenía la mano tendida. A Dani le pareció ridículo marcharse de su propia plaza por una canción, así que se la cogió. Estaba fría.
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Bailaba muy despacio, marcando ella el paso. A mitad del vals, Dani se dio cuenta de que no se oía nada más. Ni voces, ni vasos, ni el motor del generador de la barra. Solo la orquesta.
«Aguanta hasta el final. Solo es una canción.»
Cuando terminó, Dani soltó la mano y estaba solo en medio de la plaza. El escenario desmontado, las bombillas descolgadas y el suelo barrido.

Subió a casa. Su abuela lo esperaba despierta, sentada a la mesa de la cocina.
«Las fiestas acabaron el domingo, hijo. Hoy es martes.»
Si en la verbena de tu pueblo empieza una canción que no conoces y los mayores se apartan de la pista, apártate tú también.
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