Relatos Extraordinarios

Relato de ficción

La hora imposible de la fábrica de relojes

Un grafitero entra en una fábrica clausurada donde todos los relojes marcan la misma hora y las sombras repiten una vieja amenaza.

Noche espesa sobre las azoteas oxidadas, el barrio duerme con luces enfermas.

Una fábrica de relojes clausurada sobresale, ventanales ciegos, ladrillos húmedos, rumores de tiempo roto.

«Este vídeo va a petarlo, nadie ha pintado aún ahí dentro.»

El grafitero fuerza la verja oxidada, el chirrido parece arañar la luna.

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Dentro, cientos de relojes detenidos, todos marcando la misma hora imposible, agujas temblando ligeramente.

«Qué raro… todos marcan la misma hora. Eso no es normal.»

En las pasarelas elevadas aparecen sombras de obreros, caminando en silencio, pasos perfectamente sincronizados.

«Faltan pocos minutos, compañeros. Hoy el tiempo se pondrá de nuestro lado.»

Las sombras repiten movimientos idénticos, encendiendo cigarrillos invisibles, ajustando cascos que ya no existen.

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«Si cierran la fábrica, ardemos todos con ella, ¿está claro?»

El aire vibra; cada palabra flotando como eco atrapado, censurado en informes oficiales desaparecidos.

«Oigan… esto es solo una pintada, no tienen que mirarme así.»

Las sombras giran al unísono, reloj en pared se aproxima nuevamente a la hora imposible.

Cuando las agujas coinciden, el vídeo de su móvil muestra solo vacío, como si nunca entrara.

Este relato nació como un vídeo

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