Leyenda popular, contada a nuestra manera
La mujer de la curva en una noche de lluvia
Un conductor recoge a una joven empapada junto al arcén. Su silencio solo se rompe para advertirle de una curva entre la niebla.

En noches de lluvia, la carretera comarcal se vacía y los faros dibujan fantasmas. Dicen que aquí vive una advertencia con vestido blanco.
Un conductor vuelve tarde. El limpiaparabrisas marca el ritmo y, entre cortinas de agua, distingue una figura inmóvil junto al arcén.
Frena, baja la ventanilla. Una joven empapada, pálida, con el pelo pegado a la cara. “¿Te acerco?” Ella asiente sin mirarlo.
Sube en silencio. El cinturón no hace clic. Sus manos están heladas. Mira la carretera con una fijeza que inquieta.
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A pocos kilómetros, sus labios apenas se mueven:
«Cuidado con la curva.»
La voz suena cansada, como si viniera de muy lejos.
El conductor reduce. La curva aparece de golpe, sin señales visibles por la niebla. El guardarraíl luce cicatrices antiguas.
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El coche insinúa un derrape; corrige a tiempo. Suspira, gira para agradecer… y el asiento del acompañante está vacío y seco.
Llega al primer bar del pueblo. Cuenta lo ocurrido. El camarero no se sorprende:
«A otros les ha pasado. Dicen que murió ahí.»
En el cementerio, entre flores frescas, una foto: la misma joven del vestido blanco. La fecha coincide con una noche de lluvia como esta.
Desde entonces, quienes la ven frenan sin preguntar. Si alguna vez te advierte, hazle caso: hay curvas que no perdonan dos veces.
Este relato nació como un vídeo
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