Relatos Extraordinarios

Relato de ficción

Las campanas del monasterio de San Cebrián

San Cebrián de Mudá

Un grupo entra en un monasterio abandonado para grabar sus campanas, pero encuentra retratos recientes que anuncian sus propias muertes.

El monasterio de San Cebrián vigila el acantilado, vacío desde hace décadas.

Al anochecer, campanas invisibles doblan solas, desafiando viento, mareas y superstición del pueblo.

«"Grabaremos todo esta noche. Si nadie las tañe, lo averiguaremos."»

Sostiene la grabadora con firmeza, ocultando el temblor de sus manos bajo la linterna.

«"Escuchad... las campanas suenan desde dentro, no desde la torre."»

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El bronce retumba en pasillos negros, como si las paredes respiraran metal antiguo.

En el claustro, cientos de retratos húmedos cubren piedra y columnas, brillando con pintura reciente.

«"Ese... ese soy yo, pero con la garganta abierta..."»

Su rostro pintado sangra rojo intenso, una cuerda invisible le hunde la piel.

«"Son todos nosotros. Cada cuadro muestra una muerte distinta, antes del amanecer."»

Las campanas cambian de ritmo; cada tañido coincide con un nuevo trazo húmedo.

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En la pared vacía, junto a la puerta, surge otro lienzo, aún incompleto, espeso.

«"El monasterio termina siempre lo que empieza. Quien escucha el último toque, permanece."»

Su retrato aparece decapitado, mientras su cuello real comienza a marcarse morado.

Ellos corren hacia la salida; las campanas suenan más rápido, marcando pinceladas invisibles.

Ante la puerta clausurada, su cuadro finalizado los muestra ya fuera, pero sin sombras.

Al amanecer, el pueblo oye silencio. Dentro, las campanas dormidas sostienen rostros nuevos.

Este relato nació como un vídeo

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