Relato de ficción ambientado en un lugar real
Los epitafios que cambian en la niebla de Asturias
Asturias
Un restaurador calca lápidas en un cementerio costero de Asturias y descubre que cada inscripción borrada altera sus propios días.

Noche cerrada en el pequeño cementerio costero; la niebla sabe a sal podrida.
«Solo serán unas inscripciones antiguas, nada que la lógica no pueda explicar.»

Martín, restaurador de arte, despliega papeles y carbones frente a lápidas anónimas, cubiertas de símbolos.
Calca el primer epitafio; al levantar el papel, la piedra queda lisa, recién tallada en vacío.
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Un susurro emerge de la niebla, como bocas invisibles respirando su nombre demasiado cerca.
«Martín...»

Se gira; solo ve la verja oxidada y la neblina enganchada a los cipreses.
En el segundo calco aparece un nombre desconocido, junto a una fecha de muerte futura.
Cada lápida que toca pierde letras; la niebla se espesa con nuevos nombres susurrados, suplicantes.
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Horas después, revisa los papeles: todos muestran ahora su nombre, acompañado por distintas fechas.
La primera fecha es lejana; en cada siguiente calco, el día de su muerte se adelanta.
«No puede reescribirse la piedra sin precio. ¿Qué estás cobrando a cambio de mis días?»
La niebla responde mostrando siluetas borrosas, huecos donde deberían estar ojos, mirándole con hambre antigua.
Último papel: la fecha es mañana. La lápida frente a él ya lleva su nombre completo.
Este relato nació como un vídeo
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