Relato de ficción
Los retratos malditos del palacete Luarca
Asturias
Daniel hereda un palacete en la costa asturiana y una prohibición familiar: no descolgar los retratos que cambian cada noche.

«La niebla cubre el palacete Luarca. Heredé paredes, recuerdos… y una norma absurda.»
«"Nunca descolgar ningún retrato". Mi familia obedeció siglos. Yo solo quiero restaurar este salón muerto.»

«Coloco focos, cámaras. Disparo pruebas. Los óleos agrietados parecen carne vieja bajo la luz.»
«Esa noche reviso fotos. Un retrato sonríe apenas. En el lienzo original, labios cerrados.»
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«Pienso en fallo de enfoque, en cansancio. Al día siguiente, otro cuadro frunce el ceño.»
«Cada noche, un gesto distinto: miedo, burla, súplica. Nadie toca los marcos, nadie entra.»

«Instalo cámara nocturna dirigida al salón. Doce horas de grabación. Cero movimiento, cero trucos.»
«Al amanecer, un nuevo cambio: un rostro girado hacia la puerta, como aguardando mi llegada.»
«Hasta que lo veo: un lienzo recién colgado, óleo aún brillante. Es mi cara, nítida.»
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«Bajo mi retrato, la fecha de mi muerte. Aún faltan tres días. El pulso se acelera.»
«Corro a descolgarlo. El bastidor pesa como plomo. Escucho susurros detrás del lienzo.»
«La tela se abomba, respira. Una mano pintada se apoya desde dentro, presionando hacia fuera.»
«En todos los cuadros, mis ancestros sonríen idénticos. Sus fechas de muerte: clavadas a la realidad.»
«Comprendo la norma. No eran supersticiosos; eran prisioneros. Y ahora hay un hueco esperando.»
Este relato nació como un vídeo
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