Relatos Extraordinarios

Leyenda popular, contada a nuestra manera

El Conde Arnau y su condena en los valles del Ripollés

Monasterio de Sant Joan de les Abadesses (Girona)

En las noches de tormenta del Ripollés, los pastores oyen una cabalgata que recuerda las deudas y los pecados del Conde Arnau.

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En los valles del Ripollés, allá donde el viento baja frío de los Pirineos, vivió hace siglos un señor temido por todos: el Conde Arnau.

Era poderoso, rico en tierras y en ganado, pero su corazón estaba seco. A sus campesinos los exprimía sin piedad.

Cuentan que prometió un sueldo justo a los segadores que le levantaron los muros del castillo, y que cuando terminaron, no les pagó ni una moneda.

«Señor, hemos trabajado de sol a sol. Nuestros hijos pasan hambre. Pague lo prometido.»

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El conde se rió y los echó con los perros. Y así, año tras año, fue sumando agravios que nadie olvidaba.

Pero su mayor pecado lo guardaba en lo alto, en el monasterio de Sant Joan, donde reposaban las monjas en clausura.

Pues el conde, ciego de deseo, raptó a la abadesa y profanó aquel lugar sagrado, sin temor de Dios ni de los hombres.

Vivió todavía unos años, soberbio hasta el final. Pero la muerte, cuando llegó, no le trajo descanso.

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Desde entonces, las noches de tormenta, una cabalgata atruena los montes: el conde, montado en un caballo negro que escupe fuego por la boca.

«Por siempre cabalgo, por siempre ardo. La tierra que robé me quema, y el descanso me está negado.»

Dicen los pastores que, si pegas el oído a la tierra una noche de viento, todavía se escuchan los cascos y los lamentos del alma condenada.

Y que el Conde Arnau seguirá rodando por los valles del Ripollés hasta el día en que pague, por fin, todo lo que un día negó a los suyos.

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