Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

Medianoche en la habitación 712 de Cardona

Parador de Cardona (Barcelona)

Nuria llega al parador de Cardona con una advertencia extraña: si oye el grifo abierto de madrugada, no debe cerrarlo.

¿Prefieres verlo? Míralo en vídeo

Nuria Bassols llegó a Cardona un viernes de finales de agosto, casi a medianoche, con la boda de una amiga al día siguiente y el vestido colgado en el asiento de atrás.

El parador está dentro del castillo, arriba del todo, sobre el promontorio que domina el pueblo. Nuria subió la rampa empedrada, aparcó pegada a la muralla y entró arrastrando la maleta por un suelo de piedra que devolvía cada rueda con eco.

El recepcionista, un hombre de unos cincuenta años, apuntó su nombre completo en una libreta de tapas negras antes de dejar la llave sobre el mostrador. Solo quedaba una habitación libre: la setecientos doce.

«Una cosa. Si de madrugada oye el grifo abierto, déjelo correr. No lo cierre.»

Nuria esperó la sonrisa, el remate de guía turístico. No llegó. El hombre volvió a su libreta y siguió escribiendo.

Publicidad

En el pasillo, junto al ascensor, había una placa con la historia del castillo. En el siglo once encerraron en la Torre Minyona a una muchacha cristiana por enamorarse de un joven musulmán. La emparedaron allí y allí murió, de pena, sin volver a bajar.

La habitación olía a piedra húmeda. Desde la ventana se veía la torre, redonda y sin una sola luz, tan cerca que parecía apoyada en el cristal. Nuria se durmió enseguida.

A las tres y veinte la despertó el agua. El grifo del lavabo estaba abierto del todo, el desagüe no daba abasto y una lámina fina avanzaba ya hacia la moqueta del dormitorio.

«Ni loca me quedo yo con esto abierto toda la noche.»

Lo cerró. Y con el último hilo de agua se marchó todo lo demás: el zumbido de las tuberías, el aire acondicionado, el rumor de fondo del castillo. Un silencio con peso.

Entonces algo empezó a arrastrarse por el pasillo. Avanzaba despacio, deteniéndose en cada puerta, como quien busca un número concreto. Se paró en la suya.

Publicidad

«Nuria. Tengo los ojos secos.»

Nuria cruzó la habitación descalza, sin encender la luz, y abrió el grifo hasta el tope. El chorro golpeó la porcelana, las tuberías volvieron a zumbar dentro del muro y los pasos se alejaron pasillo abajo.

Se quedó sentada en el suelo del baño hasta que amaneció, escuchando correr el agua y mirando la torre por la puerta entreabierta.

A las ocho bajó a recepción y avisó de que se dejaba el grifo abierto. El hombre lo anotó en su libreta sin levantar la vista.

«Hace nueve siglos que no lo cerramos.»

En el parador de Cardona, la setecientos doce no se ofrece: solo se abre si un huésped la pide. Si alguna vez duermes allí y oyes correr el agua de madrugada, déjala correr. Mientras llora, no sube a buscarte.

Míralo en vídeo

Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.

▶ Verlo en TikTok▶ Verlo en Instagram▶ Verlo en Facebook

Síguenos en TikTok, Instagram, Facebook y YouTube. Las ilustraciones son recreaciones, no fotos del lugar.

Publicidad

Duerme donde ocurreParador de Cardona · Habitación 712 y torre de la MinyonaLa leyenda de Adalés acompaña a la habitación 712 del Parador de Cardona, donde se cuentan apariciones y muebles que se movían solos.Ver disponibilidad

Más relatos cerca de aquí