Relato de ficción ambientado en un lugar real
El palco maldito y el espejo del tiempo en Sevilla
Sevilla
Inés hereda un palco en un teatro de Sevilla, pero el espejo junto a su asiento le muestra una versión anciana de sí misma que intenta advertirla.

Inés hereda un palco vitalicio en un teatro barroco sevillano casi olvidado.
En su primera noche, descubre que su asiento mira directamente a un palco tapiado.

Cuentan que un incendio antiguo consumió aquel palco, dejando muertos cuyos nombres nadie repite.
Junto a su butaca, un espejo manchado devuelve reflejos más nítidos que la propia realidad.
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En el cristal aparecen espectadores vestidos de época, ocupando butacas vacías del teatro silencioso.

Sus rostros no parpadean; solo miran el palco ciego, esperando algo que nunca llega.
Entre ellos, Inés distingue otra figura: ella misma, envejecida, en el palco tapiado.
La anciana Inés agita las manos desesperada, señalando lejos del fondo negro del palco.
Esa noche huye, pero la invitación vitalicia exige su presencia con insistente cortesía.
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Cada función, la versión anciana repite el mismo gesto: suplica que desvíe la mirada.
Una tarde tormentosa, el telón sube; el teatro está vacío, solo Inés y su espejo.
Ahora el reflejo muestra el palco tapiado abierto, respirando oscuridad honda, casi líquida.
La anciana Inés, tras ella, niega con la cabeza hasta deformar su rostro.
Inés desobedece, mira el fondo del palco, y su reflejo deja de seguirla.
Este relato nació como un vídeo
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