Relato de ficción ambientado en un lugar real
El paso a nivel de Utrera a las tres y veinte
Paso a nivel de Utrera (Sevilla)
Una barrera baja de madrugada en Utrera, pero no llega ningún tren. Cansado de esperar, Iván decide ignorar la advertencia de una anciana.
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Utrera, provincia de Sevilla, la primera madrugada de septiembre. Iván volvía de trabajar por la carretera de la estación, con el pueblo entero a oscuras.
A las tres y veinte llegó al paso a nivel. Sonó la campana, la luz roja se puso a parpadear y la media barrera bajó delante del coche.

En Utrera llevan años pidiendo que quiten ese paso. Es de los de media barrera: te cierra tu carril y deja el contrario libre, y la campana se oye desde tres calles más allá.
Pasaron dos minutos y no apareció ningún tren. Al otro lado de las vías esperaba una mujer mayor con un perro pequeño atado corto, y ninguno de los dos parecía tener prisa.
Iván se bajó a mirar. En el poste había un cartel con el número del paso a nivel y un teléfono de averías, y la barrera tenía la pintura blanca y roja arrancada en una línea recta, de un extremo al otro.
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«Aquí no viene ningún tren.»

«Yo no cruzaría.»
«Está estropeada, señora. Llevo cinco minutos parado.»
«Suena casi todas las noches. Los de aquí esperamos a que suba ella sola.»
Iván llevaba once horas fuera de casa y a las ocho tenía que volver a salir. Se metió en el coche, se pasó al carril contrario, que estaba libre, y rodeó la barrera.
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Cruzó despacio, notando las ruedas botar en el primer raíl y en el segundo. En cuanto estuvo al otro lado, la campana se calló de golpe y la luz roja se apagó.
Entonces algo pasó por las vías a su espalda. Iván no llegó a ver nada: el coche se movió como si lo empujaran, entró un golpe de aire caliente por la ventanilla y un olor a hierro y a freno quemado.
Llegó a casa cinco minutos después, aparcó en la calle y durmió lo poco que quedaba de noche.
A las ocho, cuando bajó a coger el coche, encontró todo el lado del copiloto rayado de punta a punta. Una línea recta, con la pintura levantada, a la misma altura que la de la barrera.
Si alguna vez una barrera baja sola y no pasa ningún tren, no cruces por el carril libre. Espera a que suba ella.
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