Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El peaje fantasma de la AP‑7 en Tarragona

AP-7, Tarragona

Una cabina de peaje se ilumina de madrugada en la AP-7. Los camioneros conocen la regla, pero Marcos elige el carril equivocado.

¿Prefieres verlo? Míralo en vídeo

En la AP-7, a la altura de Tarragona, hay un peaje que dejó de cobrar la noche que liberaron la autopista. Las cabinas siguen ahí, vacías, con las barreras levantadas para siempre.

Nadie las quitó. Pasas por debajo a ciento veinte sin frenar, y casi ni las miras. Son parte del paisaje, como un cartel viejo que ya no anuncia nada.

Pero los camioneros que hacen el nocturno cuentan que, de madrugada, una de las cabinas tiene la luz encendida. La tercera por la derecha. Siempre la misma.

Y dentro hay alguien. Un cobrador, con el brazo fuera de la ventanilla y la mano abierta, esperando que le pongas algo en la palma.

«Yo hago Valencia–Girona tres veces por semana. La primera vez pensé que habían reabierto la cabina. Hasta que vi que el tío no se movía. Ni de noche ni nunca.»

Publicidad

La regla entre ellos es vieja y la repiten como una oración: si la cabina está encendida, pasa por otra. Por la que sea. Pero no por esa.

Marcos lo sabía. Pero esa madrugada iba muerto de sueño, con la carga retrasada, y eligió el carril sin pensar. El de siempre. El tercero por la derecha.

La luz de la cabina se encendió cuando ya no podía cambiarse. Y el brazo salió por la ventanilla, la mano abierta hacia él.

«No llevaba suelto. Ni monedas ni nada. Aceleré para pasar de largo, como se pasa de todo a esas horas.»

La barrera, que llevaba años levantada, bajó de golpe delante del camión. Marcos clavó los frenos a dos metros del hierro.

Publicidad

El cobrador giró la cabeza despacio. No tenía cara. Solo la mano, abierta, paciente, esperando el peaje que nunca le pagaron.

«Aquí se paga al entrar o al salir. Y el que no paga… ya no sale.»

Marcos buscó en el salpicadero, en los bolsillos, en el suelo. Encontró una moneda de las antiguas, de peseta, olvidada en una ranura desde hacía vida. La puso en aquella mano.

La barrera subió. La luz de la cabina se apagó. Y el camión cruzó al otro lado con el motor temblando como el conductor.

«Desde esa noche llevo una moneda suelta en el cenicero. Una sola. Por si vuelvo a equivocarme de carril.»

Así que si haces el nocturno por la AP-7 y ves una cabina encendida a deshoras, cámbiate de carril mientras puedas. Y si ya no puedes, reza por llevar suelto.

Míralo en vídeo

Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.

▶ Verlo en TikTok▶ Verlo en Instagram▶ Verlo en Facebook

Síguenos en TikTok, Instagram, Facebook y YouTube. Las ilustraciones son recreaciones, no fotos del lugar.

Publicidad

Más relatos cerca de aquí