Relato de ficción ambientado en un lugar real
La grúa amarilla del polígono de Bobalar
Polígono industrial de Bobalar, Alaquàs (Valencia)
Rubén vigila una nave junto a una grúa abandonada que parece girar sola cada noche, hasta que empieza a apuntar hacia su cabina.
¿Prefieres verlo? Míralo en vídeo
En el polígono de Bobalar, a las afueras de un pueblo de Valencia, hay una grúa torre que lleva nueve años sin moverse, sobre un edificio que nunca se terminó.
La constructora quebró con el esqueleto a medias, y dejó aquella grúa amarilla clavada en el cielo como una cruz mal puesta.
Rubén hacía de vigilante en la nave de al lado. Y de noche, en la ronda, siempre acababa mirándola, porque tenía una manía rara.

«Cada noche apunta a un sitio distinto. Como si girara sola. Pero está frenada, y aquí no hay viento que la mueva.»
Una madrugada se fijó bien. El brazo largo no apuntaba al edificio ni a la carretera. Apuntaba a la nave donde estaba él.
A la noche siguiente había girado unos grados. Seguía apuntando a la nave, pero más bajo. Hacia la puerta. Hacia él.
Publicidad
Buscó al vigilante del turno anterior, un hombre mayor que se jubilaba esa semana.
«Ah. Te has dado cuenta. Tardas menos que yo. Yo tardé un mes en verlo.»

«¿El qué? Es una grúa parada. No puede girar sin operario.»
«Eso digo yo. Y sin embargo apunta. El día que apunte justo a tu cabina, no entres a hacer la ronda. Quédate fuera.»
Esa noche la pluma había bajado otro poco. El gancho, esa pieza de hierro que cuelga del cable, ya no estaba arriba.

Colgaba a media altura, balanceándose despacio sobre el descampado. Y no hacía aire. No se movía ni una hoja.
Buscó por qué cerró la obra. Encontró una noticia corta de hacía nueve años, perdida en la hemeroteca de un periódico local.
Publicidad
Un operario había caído desde la grúa la última semana. No encontraron el cuerpo entero. La empresa cerró y lo dejaron todo como estaba.

Esa madrugada Rubén salió a la ronda y levantó la vista antes de cruzar el descampado. La pluma apuntaba recta a su cabina.
El gancho colgaba justo encima de la puerta por la que entraba cada noche. Se acordó del viejo. No entró.
Se quedó fuera, a la intemperie, sin quitarle ojo al hierro, hasta que amaneció.
Por la mañana encontraron la cabina aplastada. El techo hundido, como si algo enorme hubiera caído encima durante la noche.
La grúa estaba otra vez arriba, el gancho recogido, la pluma quieta. Frenada. Como llevaba nueve años.
Dicen que, si pasas de noche por Bobalar, mires hacia dónde apunta la grúa. Y que si apunta hacia donde te diriges, des media vuelta.
Míralo en vídeo
Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.
▶ Verlo en TikTok▶ Verlo en Instagram▶ Verlo en Facebook
Síguenos en TikTok, Instagram, Facebook y YouTube. Las ilustraciones son recreaciones, no fotos del lugar.
Publicidad



