Relato de ficción ambientado en un lugar real
La huésped de las 4:17 del Hostal Recogidas de Granada
Granada
Cada madrugada, una mujer pide la llave de la habitación doce en un hostal de Granada. El recepcionista sabe que solo hay once puertas.
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Guion convencional de fantasma, guardado en `00_PRUEBAS/guion-2026-09-26-hostal-recogidas-granada.md`:
Rafael lleva el turno de noche en el Hostal Recogidas, de Granada. Once habitaciones, un panel de llaves de latón detrás del mostrador, y una escalera de madera que baja justo frente a su mesa.
A las 4:17 de la madrugada, una mujer bajó por esa escalera. Traje de viaje de los años cuarenta, guantes, sombrero. En el panel colgaban las once llaves: ningún huésped había salido de su habitación.

«La llave de la doce, por favor.»
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Rafael le enseñó el panel. Son once habitaciones, y el panel termina en el once. La mujer sostuvo la mirada un instante, dio media vuelta y subió. Rafael esperó el ruido de una puerta, unos pasos, un pestillo. No llegó. Se asomó arriba: un pasillo con once puertas numeradas, todas cerradas. Nadie.
Por la mañana se lo contó a Marcial, el del turno de día. Marcial no se sorprendió. Se agachó y sacó de bajo el mostrador el registro de huéspedes: un libro enorme, forrado en tela, que empieza en 1938.

«Yo también la he visto, hijo. Baja todas las noches desde antes de que yo naciera. Está aquí, en febrero del 42. Y no lo comentes fuera, que los hostales con fantasma no llenan.»
La página dice: Amparo Vidal. Habitación doce. Entrada, 4:17 de la madrugada. Y la línea de salida, en blanco. La doce era una habitación interior, sin ventana. En los años sesenta la tapiaron: hoy es la pared de azulejos del final del pasillo. No hay puerta, ni cerradura, ni habitación.
En un cajón del mostrador, envuelta en un trapo, seguía la llave original: latón, con el doce marcado a punzón. La guardaron el día de la obra, y nadie la había querido tirar.
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Esa noche, a las 4:17, la mujer bajó otra vez. Rafael no dijo nada. Puso la llave sobre el mostrador, entre los dos.

«Gracias.»
La mujer la tomó con los guantes puestos y subió despacio. Al final del pasillo, detrás de los azulejos, se oyó girar una cerradura. Un pestillo cerrando en una pared donde no hay cerradura.
Por la mañana, Marcial abrió el registro en 1942. Debajo de la entrada de Amparo Vidal había una línea nueva, de tinta fresca: Salida, 4:17. Ochenta y cuatro años después, la habitación doce quedaba libre.
El panel sigue teniendo once ganchos. En el cajón queda solo un trapo doblado. Y desde esa noche, en el Hostal Recogidas, a las 4:17 no baja nadie.
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