Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El cuadrado del beso traidor de la Sagrada Família

Fachada de la Pasión de la Sagrada Família, Barcelona

Marta suma los números de la fachada de la Pasión y obtiene su propia edad. Entonces descubre que la mirada de Judas ha cambiado.

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En la fachada de la Pasión de la Sagrada Família, la que da a la calle Sardenya, hay un cuadrado de dieciséis números tallado en piedra, justo al lado del beso de Judas. Puedes ir a verlo hoy mismo.

Súmalo como quieras: filas, columnas, diagonales. Siempre da treinta y tres. La edad a la que murió Cristo, después de que Judas lo señalara con un beso. Los guías lo cuentan cada día a miles de turistas.

Lo que no cuentan es lo que le pasó a Marta, una vecina del Eixample que cruzaba esa plaza cada mañana camino del metro, sin mirar nunca hacia arriba. Como todos los de Barcelona.

Una tarde de noviembre, esperando a una amiga que llegaba tarde, se puso a sumar el cuadrado por matar el rato. Fila de arriba. Le dio veintisiete.

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«Me habré saltado un número. Con el frío que hace, no me extraña.»

Volvió a sumar, esta vez despacio, señalando cada cifra con el dedo. Veintisiete. Su edad exacta. Probó una columna. Veintisiete. La diagonal. Veintisiete.

Fue entonces cuando notó algo en el grupo del beso. Judas ya no miraba a Cristo. Tenía la cabeza girada hacia abajo, hacia la plaza. Buscando entre la gente.

«Eso no está así. Yo paso por aquí todos los días. Eso no está así.»

Bajó la cabeza por puro instinto y echó a andar sin volverse. A su espalda notaba el peso de la piedra, como cuando alguien te observa en un vagón vacío.

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Un vigilante del templo, de los veteranos, la alcanzó en la esquina. No le preguntó qué había visto. Solo le preguntó cuánto le había dado la suma.

«El cuadrado da treinta y tres porque esa fue la edad del señalado. Si a usted le da la suya, es que este año le toca a usted. Pero Judas necesita confirmarlo, como confirmó a Cristo con el beso. Él lo hace con la mirada. Mientras no le encuentre los ojos, la señal no vale. Aguante hasta su próximo cumpleaños sin cruzarse con él, y buscará a otro.»

Marta se mudó de barrio antes de Navidad. Hoy da un rodeo de veinte minutos para no pasar por la calle Sardenya, y le quedan cuatro meses para cumplir los veintiocho.

El cuadrado sigue ahí, tallado en la piedra. Tiene hasta dos números repetidos, compruébalo. Hay quien dice que el escultor se equivocó. Y hay quien dice que los necesitaba para que la cuenta pudiera cambiar.

Así que si un día lo sumas y no te da treinta y tres, no levantes la vista para comprobarlo. Baja la cabeza, sigue andando, y aguanta hasta soplar las velas. Judas solo puede señalar a quien le devuelve la mirada.

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