Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El fresco de la cripta bajo la ciudad de Soria

Soria

Elena descubre su rostro en un fresco de una cripta de Soria. Cuando la pintura empieza a pudrirse, su cuerpo también cambia.

Elena, restauradora de arte, baja sola a la cripta románica escondida bajo Soria.

Las antorchas eléctricas revelan frescos antiguos; todos los santos tienen el rostro raspado, violentamente borrado.

Solo un santo mantiene el rostro intacto, idéntico al de Elena, vigilándola desde la pared.

Inquieta, ella empieza a limpiar el mural; descubre pigmentos recientes, ajenos al siglo original.

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A medianoche, sola, vuelve al fresco: el santo muestra gusanos pintados surgiendo de sus ojos.

Al amanecer, Elena encuentra un gusano real emergiendo de su propio párpado, invisible para los demás.

Cada noche, nuevas llagas aparecen en la pintura; cada día, idénticas heridas arden en su carne.

Los médicos no hallan nada; las úlceras desaparecen en sus escáneres, pero le devoran los nervios.

Desesperada, interpreta la escena: el santo parece inacabado, extendiendo una mano hacia un hueco vacío.

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Esa noche, decide completar el fresco con su propia imagen, trazando un cuerpo arrodillado, suplicante.

Mientras pinta su silueta, siente el hedor a carne abierta y respiraciones antiguas rodeándola.

Al cerrar el último contorno, las llagas de su piel se sellan, dejando cicatrices frías, mudas.

En el muro, ahora hay dos figuras: el santo podrido y Elena, eternamente arrodillada ante él.

Al irse, percibe pasos tras ella; en la cripta, su doble pintado comienza a descomponerse.

Este relato nació como un vídeo

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