Relato de ficción ambientado en un lugar real
El registro de difuntos que anuncia la muerte en Soria
Soria
Un restaurador descubre en una iglesia de Soria un libro que escribe las muertes de mañana, hasta que encuentra su propio nombre.

La iglesia fortificada de Soria respira humedad antigua mientras Marcos trabaja solo en el archivo.

Pantallas azules, escáner encendido, silencio espeso; solo cruje la piedra medieval sobre él.
Entre legajos carcomidos, halla un registro de difuntos encuadernado en cuero oscuro, pesadísimo.
Las columnas muestran nombres, pueblos y fechas trazadas con una tinta rojiza extrañamente brillante.
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Asombrado, reconoce nombres de fallecidos recientes, incluso entierros de los que oyó misa ayer.

Al avanzar páginas, las fechas cambian: todos morirán mañana, detallados con precisión quirúrgica.
En la última página, reconoce su nombre completo escrito con la misma tinta roja.
Lee su destino: morirá esa noche, encerrado, degollado por vidrio sagrado, sin testigos.
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Bajo la descripción, otra caligrafía distinta suplica: esta vez, no lo abras.

Comprende demasiado tarde: ha roto el mandato que otros intentaron dejarle como advertencia.
Las campanas tocan sola la medianoche; las puertas de hierro se cierran con un chasquido definitivo.
Las vidrieras tiemblan; figuras de santos se agrietan, derramando fragmentos afilados como cuchillas.
Mientras la sangre dibuja nuevas letras, otra mano invisible escribe ya la próxima advertencia.
Este relato nació como un vídeo
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