Relatos Extraordinarios

Relato de ficción

El mármol viviente del cementerio de Recoletos

Un restaurador descubre una estatua que cambia de postura y un mausoleo donde aparecen las figuras desaparecidas de otras tumbas.

Mateo recorre solo el cementerio de Recoletos, linterna tenue, herramientas envueltas en paño.

Los ángeles de mármol brillan tras su limpieza; sus alas parecen vibrar bajo la luz amarillenta.

Esa noche encuentra un mausoleo sin nombre, mármol ennegrecido, una estatua femenina mirando al suelo.

Inclina la linterna, parpadea un segundo; al mirar de nuevo, la estatua alza ligeramente el rostro.

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Cree haberse confundido, limpia el pedestal vacío de inscripción, fotografía la figura, intenta tranquilizarse.

Durante semanas regresa exactamente a la misma hora, siempre solo, siempre con cámara preparada.

En cada fotografía, la postura cambia: manos juntas, luego abiertas, luego señalando lápidas vecinas.

Mateo revisa los archivos y descubre otro detalle atroz: ángeles cercanos comienzan a desaparecer lentamente.

Donde antes había figuras delicadas, solo quedan pedestales lisos, huellas de cincel recientes, polvo blanco.

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En el mausoleo anónimo, nuevas esculturas aparecen fusionadas, rostros conocidos pegados al mármol inicial.

El patrón es imposible: cada desaparición coincide exactamente con un nuevo gesto en la estatua principal.

Una noche, Mateo apunta la cámara, decide no parpadear, siente los ojos secarse dolorosamente.

La batería muere, el cementerio queda a oscuras; siente un roce helado detrás de su nuca.

Días después, los guías muestran un nuevo relieve: un restaurador arrodillado, atrapado entre los ángeles.

Este relato nació como un vídeo

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