Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El panel de la A‑7 que conocía su nombre en Benalmádena

Autovía A-7 a la altura de Benalmádena (Málaga)

Cada mañana, un panel de la A-7 advierte a Álvaro de peligros que aún no puede ver, hasta que una tormenta pone a prueba su confianza.

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Un martes de octubre, a las siete de la mañana, Álvaro Reyes vio su nombre escrito en un panel de la A-7.

Álvaro hacía cada día el mismo trayecto, de Fuengirola a Málaga, todavía de noche. Y cada día pasaba bajo el mismo panel luminoso, a la altura de Benalmádena.

Casi siempre mostraba lo mismo, en letras amarillas: cincuenta y un fallecidos en las carreteras de Málaga en lo que iba de año.

Pero esa mañana, después de la cifra, apareció otra línea: «Álvaro, reduzca la velocidad».

«¿Álvaro? ¿Yo?»

Se rio. Habría cientos de Álvaros en esa autovía. Aun así, levantó el pie del acelerador.

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Dos curvas más adelante, un coche había hecho un trompo sobre el asfalto mojado y estaba cruzado en su carril. Álvaro frenó a tiempo.

En la oficina buscó una explicación. Pensó que la DGT habría empezado a leer matrículas con cámaras para avisar a cada conductor. No encontró nada parecido en ninguna parte.

A la mañana siguiente, Álvaro llegó al panel con el móvil en la mano, leyendo un mensaje.

«Álvaro. Suelta el móvil.»

Álvaro tiró el teléfono al asiento del copiloto. Buscó alguna cámara sobre la autovía. No vio ninguna.

Durante los días siguientes, el panel siguió avisándole. De una moto que no había visto. De un camión que invadió su carril. Siempre acertaba. Y la cifra seguía en cincuenta y uno.

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Una semana después, una tormenta cayó sobre la Costa del Sol. Álvaro conducía despacio, casi a ciegas, cuando el panel se iluminó.

«Álvaro. Para en el arcén. Ahora.»

«¿Aquí? Si no hay nada.»

Pero el panel nunca se había equivocado. Álvaro puso los intermitentes y detuvo el coche en el arcén, bajo la lluvia.

Delante, el panel volvió a mostrar la cuenta del año. Ya no ponía cincuenta y uno. Ponía cincuenta y dos.

Detrás, a través de la luna trasera, crecían los faros de un camión. No frenaban.

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