Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

El pase imposible de El resplandor en Burgos

Burgos

Diego conoce cada plano de El resplandor, pero en un cine de Burgos aparecen escenas imposibles y una voz habla desde la fila vacía.

Burgos, un martes de agosto, ciclo de reposiciones de verano. Pase de las diez y media: *El resplandor*, la de Kubrick, versión restaurada.

Diego llevaba media vida discutiendo esa película. Había leído antes la novela de Stephen King y se sabía de memoria todo lo que Kubrick cambió. Al propio King nunca le gustó.

La sala era pequeña, de las de una sola pantalla. Quince personas repartidas por las primeras filas. Él se sentó en la cuatro, con la fila de atrás vacía y los asientos recogidos.

Empezó como siempre. El coche subiendo la carretera de montaña, el hotel cerrándose por el invierno, el triciclo rodando por los pasillos de moqueta.

Y llegó el pasillo de la habitación prohibida. En el libro es la doscientos diecisiete. En la película es la doscientos treinta y siete, porque cuentan que el hotel donde rodaron tenía una doscientos diecisiete de verdad y no querían que nadie se negara a dormir en ella.

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En la pantalla, aquella noche, en la puerta ponía doscientos diecisiete. Diego se incorporó en la butaca y miró alrededor. Nadie se había movido.

«Esa es la del libro.»

«Espera a los setos.»

La voz venía de detrás, tranquila, como quien ya ha visto la película muchas veces. Diego no se giró. En la novela hay animales de seto que se mueven cuando dejas de mirarlos. Kubrick los quitó y puso un laberinto.

En la pantalla no había laberinto. Había un león de seto en mitad del jardín, y estaba dos metros más cerca que en el plano anterior.

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«Ahora fíjate en la caldera. En el libro el hotel arde.»

Y en la película ardió. Nada de nieve, nada de un hombre helado entre setos. La caldera reventando y el Overlook entero en llamas, tal y como estaba escrito hacía cincuenta años. ¿Qué estaba pasando?

Cuando se encendieron las luces, Diego se giró para hablar con el hombre.

La fila cinco entera seguía con los asientos plegados hacia arriba, como los deja el acomodador antes de abrir. Y por el pasillo, delante de él, no había pasado nadie.

Así que ya lo sabes. Si un día notas que una adaptación no coincide con lo que recuerdas, no lo digas en voz alta. En ese pase siempre hay alguien que se lo sabe mejor que tú, y está deseando contarte el final.

Este relato nació como un vídeo

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