Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

La silla cuarenta y uno de Valdezcaray

Estación de esquí de Valdezcaray, Ezcaray (La Rioja)

Con la estación cerrada, una silla del telesilla sube sola una torre cada domingo. Leire quiere saber adónde va y qué hay arriba.

¿Prefieres verlo? Míralo en vídeo

Valdezcaray, en La Rioja, finales de octubre. La estación de esquí está cerrada hasta que llegue la nieve. Leire sube cada domingo desde Ezcaray a correr por las pistas vacías, entre la hierba seca y los telesillas parados.

En la valla de la entrada sigue un cartel descolorido de marzo. Un montañero de Logroño, Hugo, subió al pico San Lorenzo en plena ventisca y nunca lo encontraron. En la foto lleva una chaqueta naranja.

Leire siempre empieza junto al telesilla viejo, el que deja las sillas colgadas todo el año. Ese domingo, la silla cuarenta y uno, que llevaba meses junto a la estación de abajo, estaba colgada en la primera torre. Sola.

«Habrán estado probándolo para la temporada. Seguro que es eso.»

En la caseta de la entrada estaba Julián, el guarda, que lleva treinta inviernos en la estación. Leire le preguntó si habían movido el telesilla.

Publicidad

«Ese no se ha movido desde abril, hija. No tiene ni corriente.»

El domingo siguiente, la cuarenta y uno estaba en la torre cinco. Las demás sillas, en su sitio, como siempre. Leire le hizo una foto para enseñársela a Julián.

Se acercó por debajo y se fijó en algo. Hacía sol, pero el asiento de la cuarenta y uno estaba cubierto de escarcha. Y tenía la barra bajada, como cuando alguien va sentado.

Cada domingo, la silla había subido un poco más. Torre nueve. Torre trece. Nadie la veía moverse. Julián miraba las fotos y no decía nada.

«Mi padre contaba que una vez, de crío, vio subir una silla así, sola, semana a semana. No quiso decirme qué encontraron arriba.»

Publicidad

El último domingo de octubre cayó la primera nieve. La cuarenta y uno ya no estaba en ninguna torre. Estaba arriba del todo, en la llegada, balanceándose sin una gota de viento.

Leire subió andando por la nieve hasta la llegada. La silla miraba hacia una canal que baja del San Lorenzo. Y allí abajo, a menos de cien metros, entre la nieve nueva, asomaba algo naranja.

Leire llamó al ciento doce. Esa tarde, los guardias civiles de montaña bajaron de la canal con una camilla.

«Ha estado aquí todo el tiempo, al lado del telesilla. Con la nieve de marzo, nadie lo vio.»

Al domingo siguiente, Leire volvió a la estación. La silla cuarenta y uno estaba otra vez abajo, en su sitio de siempre. Sin escarcha. Y con la barra subida, como cuando alguien acaba de bajarse.

Míralo en vídeo

Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.

▶ Verlo en TikTok▶ Verlo en Instagram▶ Verlo en Facebook

Síguenos en TikTok, Instagram, Facebook y YouTube. Las ilustraciones son recreaciones, no fotos del lugar.

Publicidad

Más relatos cerca de aquí