Relato de ficción ambientado en un lugar real
El reloj de las cuatro y diez en Belchite viejo
Belchite viejo (Zaragoza)
Cuatro jóvenes entran de noche en Belchite viejo y encuentran un reloj intacto entre las ruinas. Uno de ellos decide mover las agujas.
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En Belchite, el viejo, no vive nadie desde el treinta y siete. Pero hay una casa, en la calle Mayor, que la gente del pueblo nuevo no señala nunca con el dedo.
La llaman la casa del reloj. Porque dentro, colgado de una pared que ya no tiene techo, sigue habiendo un reloj de pared parado a las cuatro y diez.

Esa es la hora exacta en que cayó la bomba que mató a la familia entera, sentada a la mesa. Lo raro no es eso. Lo raro es que el reloj nunca se ha oxidado.
En el dos mil cuatro, un grupo de chavales entró de noche a grabarse para una de esas páginas de fantasmas que estaban de moda.
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«Eran cuatro. Yo iba con la cámara. Entramos por el boquete de la iglesia y tiramos hacia la calle Mayor, riéndonos para no tener miedo.»

Encontraron la casa fácil. El reloj estaba allí, intacto, brillando un poco bajo la luz de la luna. Y entonces uno de ellos hizo lo que no había que hacer.
«El Quique alargó la mano y movió las agujas. Solo un poco. Las puso en las cuatro y cuarto. Por hacer la gracia.»
No pasó nada. Se rieron, grabaron un rato más y se fueron a casa contentos con su vídeo chorra.
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A la mañana siguiente, la madre del Quique lo encontró en la cama. Frío. El médico dijo que el corazón. Diecinueve años.

«Volvimos los tres que quedábamos. No por valientes. Por miedo. El reloj había vuelto solo a las cuatro y diez.»
No tocaron nada. Salieron de allí sin correr, despacio, como se sale de un velatorio. Y no volvieron a poner un pie en el pueblo viejo.
Por eso en Belchite nadie toca ese reloj. Esa familia se quedó parada en su última hora, y la casa la protege a su manera.
Pero si alguna vez pasas por las ruinas y lo ves marcando otra hora distinta, no te quedes a averiguar quién lo ha movido. Échate a correr.
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Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.
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