Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

Marea baja bajo la calle Sobrarbe de Zaragoza

Calle Sobrarbe, Zaragoza

En plena ola de calor, dos técnicos investigan una alcantarilla de Zaragoza que desprende aire helado y un inexplicable olor a mar.

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Zaragoza, primera semana de agosto. Cuarenta y un grados a las diez de la noche y el Ebro tan bajo que se le veían las piedras bajo el Puente de Piedra.

Los vecinos del Arrabal llevaban días quejándose de un olor que subía por los sumideros. No era olor a alcantarilla. Era olor a marea baja, a marisco abierto al sol.

Nuria aparcó la furgoneta junto al pretil y sacó el parte de trabajo: colector de la calle Sobrarbe, profundidad seis metros según el plano municipal.

Ángel levantó la tapa con el gancho. Del agujero salió una corriente de aire frío que les erizó los brazos en plena ola de calor.

«Aquí abajo se está mejor que en mi casa.»

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Nuria bajó el robot de inspección por la boca. Un aparato del tamaño de un maletín, atado a una manguera con los metros marcados en rojo cada diez.

A los seis tendría que haber tocado la solera. La manguera siguió corriendo entre sus manos. Doce. Veinte. Cuarenta.

«Ángel, mira el contador.»

En la pantalla no había paredes ni tubería. Solo agua negra, abierta, moviéndose despacio de un lado a otro.

Ángel se quitó los guantes. Los tenía blancos, resecos, con una costra fina que crujía al doblar los dedos.

«Esto es sal.»

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Entonces le contó lo que a él le contaron de aprendiz. Que ahí mismo, pegado al puente, hubo un pozo que llamaban de San Lázaro. Que no se le encontró nunca el fondo y que la gente juraba que salía al mar. Que lo cegaron y se acabó la historia.

Recogieron entre los dos. Trescientos metros de manguera saliendo de un agujero que en el plano medía seis.

El robot apareció al final, chorreando, cubierto de conchas cerradas y percebes pequeños agarrados a la carcasa como si llevara años ahí abajo.

Había estado fuera cuarenta minutos.

Nuria apoyó el parte en el capó y escribió lo de siempre: colector revisado, sin incidencias, profundidad seis metros.

Por la rejilla seguía subiendo aquel olor a marea baja. Ángel volvió a colocar la tapa y se quedó un rato con el pie encima.

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