Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

La casita de muñecas del desván de Cuenca

Cuenca

Un heredero sube al desván de su casa familiar en Cuenca y desoye la única regla de la abuela: no tocar la casita de muñecas.

En la casa familiar de Cuenca, solo subsiste una regla inviolable y susurrada.

Nadie toca la casita de muñecas del desván desde que murió la abuela.

«Ella aún está jugando dentro, y odia que le muevan sus personajes.»

Esa advertencia quedó flotando, pegajosa, como polvo antiguo sobre los muebles cerrados.

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«Solo son juguetes viejos, no fantasmas, murmura el heredero, subiendo de noche al desván.»

La linterna recorre fachadas en miniatura, diminutas cortinas, y cuerpos inmóviles congelados en escenas domésticas.

Una figurita descansa sentada, cuello torcido hacia atrás, boca abierta en un grito silencioso.

El heredero la toma, la gira juguetón, obligando al cuerpo a arrodillarse frente a la cama.

A la mañana siguiente, la casa real huele raro, como a madera húmeda y aliento ajeno.

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En el dormitorio principal, un familiar yace arrodillado, articulaciones invertidas, imitando exactamente aquella postura imposible.

«No puede moverse ni hablar; solo sus ojos suplican mientras el dolor la arquea grotescamente.»

Sobre la mesilla, descansa una figurita nueva, idéntica a ella, aún temblando levemente.

«Yo sigo jugando, nieto, susurra una voz infantil, reverberando desde la casa de muñecas cerrada.»

Entonces comprende: cada movimiento cambia vidas, y la abuela nunca abandonó realmente aquel desván.

Este relato nació como un vídeo

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