Relato de ficción ambientado en un lugar real
La torre que susurraba en la sierra de Cuenca
Sierra de Cuenca, Buenache de la Sierra (Cuenca)
Al pasar junto a una torre abandonada en la sierra de Cuenca, Tomás oye una voz en la radio que enumera nombres y números inquietantes.
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En la sierra de Cuenca, donde el pinar se traga el sonido, hubo un repetidor de radio que dejaron a medio construir en los años setenta.
Una torre de hierro, una caseta de bloques y nada más. Se quedó allí, oxidándose entre la niebla, sin haber emitido nunca.

Por eso a los del pueblo les extrañó tanto lo que empezó a pasarle a Tomás, el cabrero, una mañana de noviembre.
«La radio del coche se encendía sola al pasar por el cruce de la caseta. Siempre en el mismo punto, siempre la misma voz.»
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Una mujer leía nombres. Despacio, como quien pasa lista. Un nombre, y luego un número, y luego el siguiente.

«Lo entendí el día que oí a la Engracia. Dijo su nombre, dijo "tres". A los tres días la enterramos.»
El número era los días que le quedaban a cada cual. La lista no pasaba revista a los vivos. Los iba llamando.
Lo contó en el bar y se rieron de él. Pero el cura, que era viejo, dejó la copa en la barra y no dijo nada.
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Desde entonces Tomás dio un rodeo de media hora con el rebaño con tal de no pasar por el cruce. Con tal de no oír ningún nombre más.
Aguantó así todo el invierno. Cada mañana el rodeo, cada tarde la torre a lo lejos, muda, esperando.
Pero una tarde de ventisca, perdido en la niebla, las cabras lo llevaron sin querer hasta la caseta. Y la radio se encendió.
Esta vez la voz no leyó a nadie del pueblo. Dijo "Tomás Heredia Vega". Y dijo "uno".
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Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.
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