Relato de ficción ambientado en un lugar real
La presencia nocturna en un piso de Móstoles
Móstoles (Madrid)
Rubén cree que sus noches de inmovilidad tienen una explicación médica, hasta que la figura de la puerta empieza a acercarse.
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Esto le pasó a Rubén en un piso de Móstoles, un martes cualquiera de noviembre. Y según los médicos, le pasa a cuatro de cada diez personas al menos una vez en la vida.
Rubén se despertó a las tres de la madrugada con los ojos abiertos y el cuerpo apagado. Ni los dedos. Ni la voz. Nada respondía.

Y en el marco de la puerta del dormitorio había alguien de pie. Quieto. Mirándolo.
Duró unos segundos. Luego el cuerpo volvió de golpe, encendió la luz, y la puerta estaba vacía. Lo buscó en el móvil, claro. Parálisis del sueño. El cerebro despierta antes que el cuerpo, y a veces proyecta una figura. Está documentado. Tiene hasta nombre: el intruso.
«Vale. Es una cosa del cerebro. Le pasa a todo el mundo. No es nada.»
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La segunda vez, una semana después, la figura ya no estaba en la puerta. Estaba a los pies de la cama.

Rubén hizo lo que decían los foros: respirar, no asustarse, esperar a que pase. Y pasó. Pero al encender la luz notó una cosa que ningún artículo mencionaba. La puerta del dormitorio, que él cerraba siempre, estaba abierta.
La tercera vez fue distinta. La figura estaba inclinada sobre él, tan cerca que debería haber sentido su aliento. Y no respiraba. Solo dijo una palabra.
«Rubén.»

«El cerebro proyecta figuras. Como en un sueño. Pero se siente demasiado real.»
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Esa noche Rubén decidió que no iba a quedarse quieto una cuarta vez. Leyó que con mucho esfuerzo se puede romper la parálisis: empezar por un dedo, luego la mano, y el cuerpo entero se suelta.
La cuarta noche llegó. La figura, junto a la almohada. Y Rubén luchó. El dedo. La mano. Notó cómo el cuerpo cedía, cómo volvía a ser suyo.
Nadie sabe qué pasó cuando terminó de moverse. Su hermana lo encontró tres días después, sentado en la cama con la luz encendida, mirando la puerta. Repitiendo una sola cosa.

«No podía tocarme. Mientras yo no me movía... no podía tocarme.»
Piénsalo. Si eso fuera un truco del cerebro, ¿por qué el cuerpo entero se bloquea justo cuando la ves? Quizá no es un fallo. Quizá es lo único que se le ocurre a tu cuerpo para protegerte.
Así que si una noche te despiertas y no puedes moverte, y hay algo en la habitación: no luches. No rompas la parálisis. No le enseñes que estás despierto. Ella no espera a que abras los ojos. Espera a que te muevas.
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