Relato de ficción ambientado en un lugar real
La silla que cambia de aula en Móstoles
Móstoles (Madrid)
En un colegio vacío de Móstoles, una silla avanza de aula en aula cada agosto. La nueva conserje recibe una advertencia: no sentarse en ella.
¿Prefieres verlo? Míralo en vídeo
Un colegio público de Móstoles, última semana de agosto. Dentro no hay nadie. El curso empieza el siete de septiembre y las aulas llevan cerradas desde junio.
Jimena entró de conserje en julio. En agosto su trabajo era sencillo: abrir a las siete y media, acompañar a las limpiadoras planta por planta y cerrar de noche.

Hay una costumbre que conoce cualquiera que haya pisado un colegio. En junio las sillas se suben encima de las mesas y ahí se quedan todo el verano. Las bajan los propios niños el primer día de clase.
El primer lunes, al abrir el aula de primero A, Jimena vio una silla bajada. Colocada en su sitio, delante de una mesa, mirando hacia la puerta.
«¿Habéis entrado ya en primero A? Hay una silla puesta.»
Publicidad

Las limpiadoras aún no habían subido a esa planta. Jimena la puso encima de la mesa, cerró con llave y no le dio más vueltas.
Al día siguiente la encontró igual en segundo A. Misma silla bajada, misma postura, mirando a la puerta. El aula de primero seguía intacta.
El miércoles le tocó tercero. Fue entonces cuando Jimena entendió lo que estaba pasando: iba avanzando un curso cada día, en orden, como quien sube de clase.
Aquella tarde apareció Fermín, el conserje al que había sustituido. Venía a recoger dos cajas que se había dejado en el cuarto de la caldera.

«Ah, ya empezó. Todos los agostos hace el mismo recorrido. Yo llevaba veintiséis años aquí.»
«Tú súbela y apúntalo en el parte. Pero no te sientes en ella, Jimena. Ni un segundo.»
Publicidad
Los días siguientes fueron cuarto y quinto. Jimena la subía por las mañanas y anotaba el aula en su libreta, como le habían dicho.
El viernes le tocaba sexto A, en la tercera planta. Eran más de las nueve de la noche, tenía que rellenar a mano el parte de cada aula y la conserjería quedaba tres pisos más abajo.
Así que sin pensarlo se sentó en la única silla bajada que había, escribió dos líneas, la subió a la mesa y se marchó.

El sábado recorrió el colegio entero, aula por aula, y no encontró nada. Todas las sillas arriba. El recorrido se había terminado en sexto, y Jimena respiró.
El siete de septiembre abrió a las siete y media, media hora antes de que llegara el primer niño. Los pasillos olían a limpio y las puertas estaban como las había dejado.
En todas las aulas, las sillas estaban ya bajadas y colocadas en su sitio. Pero en la conserjería, la suya la esperaba subida encima de la mesa.
Míralo en vídeo
Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.
▶ Verlo en TikTok▶ Verlo en Instagram▶ Verlo en Facebook
Síguenos en TikTok, Instagram, Facebook y YouTube. Las ilustraciones son recreaciones, no fotos del lugar.
Publicidad



