Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

Los pasillos que despiertan de noche en Getafe

Getafe (Madrid)

Álvaro entra de madrugada en unos trasteros de Getafe. La app dice que está solo, pero las luces de otros pasillos avanzan hacia él.

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En un polígono de Getafe, pegado a la A-42, hay un edificio de trasteros de alquiler abierto las veinticuatro horas. Si has usado uno, ya sabes cómo funciona: entras con un código, no te atiende nadie, y las luces se van encendiendo solas a tu paso.

Sensores de movimiento, pasillo por pasillo. Donde no hay nadie, no hay luz. Lo hacen para ahorrar, pero el efecto es otro: caminas, y el edificio se va encendiendo contigo.

Álvaro fue un domingo a la una de la madrugada a por una maleta. Tenía un vuelo a las seis, y la maleta llevaba un año allí guardada, con la ropa de otra vida.

Marcó su código, la puerta chasqueó, y en el móvil le saltó el aviso de siempre de la aplicación: acceso registrado, un cliente en el edificio. Él.

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Su trastero estaba en la segunda planta, al fondo del pasillo B. Subió la persiana, se puso a rebuscar con la linterna del móvil, y a los cinco minutos la luz del pasillo se apagó.

«Normal. El sensor. Si no me muevo, se apaga.»

Sacó el brazo, la luz volvió, y siguió a lo suyo. Fue entonces cuando, por encima de la persiana, vio encenderse el fondo del edificio.

El pasillo D, encendido. Después el C. Un tramo tras otro, en orden, como pisadas de luz cruzando la planta. Hacia él.

«Será otro cliente. A esta hora también viene gente, digo yo.»

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Pero la puerta no había sonado. Ni pasos, ni ruedas de carro, ni el pitido de un código. Solo las luces, avanzando por tramos. Miró el móvil. La aplicación seguía diciendo lo mismo: un cliente en el edificio.

Y el tramo de su pasillo se encendió. Álvaro no vio entrar a nadie. Solo entendió, de golpe, que aquello no era un cliente. Era otra cosa.

Dejó la maleta abierta y salió andando rápido, mirando al frente. A su espalda, los tramos que iba dejando atrás no se apagaban. Ninguno. Como si nada, en todo el edificio, hubiera dejado de moverse.

Empujó la puerta y no paró hasta el coche. En la aplicación quedó todo registrado, y ahí sigue: una sola entrada esa noche, con su código. Y dos salidas. Con un minuto de diferencia.

Así que si alguna vez estás solo en un trastero de madrugada y ves encenderse pasillos donde no ha entrado nadie, no esperes a comprobar quién es. Sal. Esas luces solo se encienden con el movimiento. La pregunta es con el movimiento de qué.

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Este relato nació como un vídeo del canal. Cada semana publicamos historias nuevas.

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