Relato de ficción ambientado en un lugar real
Sesenta y un kilos invisibles en un súper de Getafe
Getafe (Madrid)
Una caja de autocobro detecta sesenta y un kilos que Lorena no puede ver. Para terminar su compra, solo tiene que aceptar que son suyos.
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Un sábado de octubre, a las nueve y diez de la noche, Lorena Gil pagaba su compra en la caja de autocobro del supermercado de su barrio, en Getafe. Llevaba un chubasquero granate todavía mojado.
Lorena vive en un cuarto con un ascensor tan pequeño que, si sube con su marido y la compra, pita por sobrecarga y no arranca. Por eso siempre hace la compra sola.

Pasó la leche, el pan, los huevos y el detergente. Lo metió todo en dos bolsas. Entonces la máquina se detuvo.
«Artículo inesperado en la zona de embolsado.»
Lorena levantó las bolsas y volvió a dejarlas. En la bandeja no había nada más. Aun así, la luz roja seguía parpadeando encima de la caja.
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Se acercó el empleado de las cajas, un chaval con el chaleco verde del súper, y miró la pantalla de su terminal.
«Qué raro. Aquí me pone que hay sesenta y un kilos en la bandeja.»
El chico le pidió a Lorena que se apartara un momento. Con ella a un lado, la báscula marcó cero. En cuanto Lorena volvió delante de la caja, el número regresó: sesenta y uno.
Él pensó en un sensor estropeado. Ella, en las tres personas que esperaban detrás con la compra en la mano.

«Dale a "artículo personal" y ya está. Pasa mucho.»
Lorena pulsó el botón que decía: "Sí, es mío". La luz roja se apagó.
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«Gracias. Ya puede llevárselo.»
Lorena volvió a casa andando bajo la llovizna, con una bolsa en cada mano. No le pesaron más que otras veces.
En el portal, entró sola en el ascensor, dejó las bolsas en el suelo y pulsó el cuarto. Las puertas se cerraron.

El ascensor pitó. Sobrecarga. No se movió.
Lorena no se dio la vuelta. Se quedó mirando el botón del cuarto, sabiendo que a su espalda, donde no cabía nadie, había algo que pesaba sesenta y un kilos.
Si alguna vez una caja te avisa de algo en la zona de embolsado que tú no ves, no pulses que es tuyo. Porque te lo vas a llevar.
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