Relatos Extraordinarios

Basado en un caso real

El misterio del Bar del Bicho de Sabadell

Sabadell (Barcelona)

En 1981, una extraña masa de casi tres metros apareció en la tubería de un bar de Sabadell. Los testigos aseguraron que se movía.

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En el Eixample de Sabadell hay una esquina que los vecinos más mayores todavía llaman el Bar del Bicho. Para entender el nombre hay que volver al final del verano de 1981. De esto se cumplen ahora cuarenta y cinco años.

El bar Sans, en la calle Brutau, era un bar de barrio como cualquier otro: dominó por las tardes, billar, menú del día. Hasta que el fregadero de la cocina se atascó. El dueño probó con el desatascador, con alambre, con agua hirviendo. Nada. Algo grande taponaba la tubería.

Harto de pagar arreglos que no arreglaban, cogió sus herramientas y rompió el suelo él mismo hasta dejar la cañería al aire. Metió el brazo, agarró lo que notó dentro y tiró con todas sus fuerzas.

Le arrancó la cabeza. Porque lo que salió de aquella tubería, cuando por la tarde la brigada municipal terminó de extraerlo, medía cerca de tres metros: un cuerpo de serpiente gris oscuro, viscoso, con cabeza de sepia y la piel cubierta de ventosas.

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Y según todos los que estaban en aquella cocina, se movía.

La noticia corrió por Sabadell en horas. Medio barrio desfiló por el bar para verlo con sus propios ojos. El Diario de Sabadell se agotó en los quioscos, y una librería llegó a vender fotocopias del artículo a diez pesetas.

Llegaron las explicaciones. Que si una tripa de caballo arrastrada desde el matadero. Que si carne ilegal que alguien tiró por un desagüe. El dictamen oficial habló de restos orgánicos acumulados durante años, con bolsas de aire que, al reventar, daban la sensación de movimiento.

«Es una tripa de caballo. En las cloacas de Sabadell no hay ningún monstruo.»

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«Yo lo vi moverse en mi cocina. Y si estaba muerto, dígame usted cómo subió hasta mi tubería.»

Esa era la pregunta que ningún informe respondió. El matadero quedaba a más de un kilómetro. Y unos restos muertos no recorren un alcantarillado entero para trepar después por una cañería estrecha, contra la corriente, hasta el fregadero de un bar.

El caso se habría olvidado como una anécdota de verano. Pero el 13 de octubre, apenas un mes después, la misma cloaca del mismo bar volvió a atascarse. Y de ella sacaron otro.

Los análisis dijeron lo mismo, los vecinos siguieron sin creérselo, y el nombre se quedó pegado a la esquina para siempre. Porque una tripa muerta no elige una cañería entre miles. Y desde luego, no vuelve a ella un mes más tarde. Lo que fuera aquello, conocía el camino.

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