Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

Una llamada nocturna en la calle Zapateros

Calle Zapateros, Valencia

Un cerrajero acude de madrugada a un piso de la calle Zapateros, donde una anciana espera y un teléfono descolgado despierta sus dudas.

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«Julio, un aviso en la calle Zapateros. Tercero izquierda. Ha entrado desde un fijo, así que apunta el número que te lo paso.»

A la una y media de la madrugada casi nadie llama desde un teléfono fijo. Julio apuntó el número en el salpicadero, cargó la caja de herramientas y aparcó a cincuenta metros del portal.

Nadie contestó al telefonillo. Le abrió un chico que volvía de cenar y subió tres pisos a oscuras, buscando el interruptor de la escalera en cada rellano.

«Es aquí, hijo. Mi nieto se ha dejado las llaves dentro y se ha quedado dormido. Llevo golpeando desde las doce.»

Estaba de pie junto a la puerta, con una bata y una rebeca de lana encima, las manos cruzadas a la altura del pecho.

«Tranquila, señora. Si es de golpe, en cinco minutos lo tenemos.»

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Se arrodilló ante la cerradura. La luz del rellano se apagó a mitad del trabajo, y ella no se movió del sitio.

«Dale tú, que yo desde aquí no llego.»

Julio pulsó el interruptor, volvió a agacharse y en un minuto la puerta cedió hacia dentro. Se quedó entornada.

«Pase usted, que es su casa.»

«Entra tú primero y enciende. Yo espero aquí.»

Dentro olía a cerrado. Las persianas estaban bajadas del todo y había una capa fina de polvo sobre el mueble del recibidor.

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«¿Hola? ¡Que le abrimos la puerta a su abuela!»

No contestó nadie. Sobre el mueble había un juego de llaves y un teléfono de los antiguos, con el auricular fuera de la horquilla.

Cuando salió al rellano, la luz volvía a estar apagada y no había nadie esperando.

Bajó los tres pisos deprisa y se encontró al chico del portal, todavía buscando el buzón.

«¿El tercero izquierda? Ahí no vive nadie. Esa era la casa de Amparo, y murió sola dentro. Tardaron cuatro días en encontrarla.»

«Se ve que intentó pedir ayuda, porque dejó el teléfono descolgado.»

Julio volvió al coche y encendió la luz del salpicadero. El número que había apuntado seguía allí, con la hora de la llamada al lado.

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