Relatos Extraordinarios

Relato de ficción

El túnel sin final de Canfranc viejo

Canfranc (Huesca)

Un hombre entra en un túnel abandonado de Canfranc con un plano antiguo, pero los pasos no cuadran y alguien sigue picando en la oscuridad.

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En el Pirineo de Huesca hay un túnel ferroviario que nunca llegó a abrirse al tráfico. Lo llaman el túnel de Canfranc viejo, aunque en los mapas no aparece con nombre.

Lo perforaron a principios de siglo y lo abandonaron a medias, sin que las obras llegaran nunca a terminarse.

Cavaban desde los dos lados para juntarse en el centro. Pero las cuadrillas nunca se encontraron. Siguieron picando hacia dentro, año tras año, y el centro de la montaña no llegaba nunca.

«Mi abuelo trabajó ahí de chaval. Decía que dentro la montaña era más larga que fuera. Yo me reía. Luego entré.»

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Entró con una linterna buena y los metros contados en la cabeza. Trescientos de boca a boca, según el plano viejo.

A los trescientos pasos no había salida. Solo el túnel siguiendo, con esa corriente de aire fría dándole en la cara, siempre de frente, viniera por donde viniera.

«Volví sobre mis pasos. Conté igual. Trescientos otra vez. Y otra vez pared de roca, sin boca, sin luz del día.»

Caminó horas. La linterna aguantaba, el aire frío no paraba, y de vez en cuando, lejos, oía el golpe seco de un pico contra la piedra.

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«Llevamos cien años picando, hijo. Cavando para encontrarnos con los otros, que cavan para encontrarnos a nosotros. Y la montaña, mientras, sigue creciendo por dentro.»

La voz salió de la oscuridad, a su lado, de un hombre con ropa de obrero antiguo y la cara cubierta de un polvo blanco que no se movía con el aire.

«Le pregunté por dónde se salía. Me señaló hacia delante, hacia el sonido del pico. Hacia donde nunca hay final.»

Salió. No sabe cómo ni cuándo. Apareció tumbado en la boca del túnel al amanecer, con la linterna apagada y los zapatos gastados como de meses.

Salió, pero dice que no del todo. Que aún siente el aire frío dándole en la cara, de frente, esté donde esté. Y que algunas noches, desde el fondo de la casa, oye un pico picando, llamándolo a terminar lo que empezaron hace cien años.

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