Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

Las trece campanadas del campanario de Mediano

Campanario de Mediano, La Fueva (Huesca)

Un dron sobrevuela el campanario de Mediano de noche y capta una misa bajo el agua mientras el reloj retrocede a 1969.

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En agosto, el pantano de Mediano baja y el campanario emerge como un dedo acusador desde un mundo ahogado.

De día es postal; de noche, los viejos de La Fueva dan tres reglas: no cruces la línea de agua si suena la primera campanada, no digas tu nombre mirando al campanario, y si ves luz detrás de la tronera, vete sin mirar atrás.

Yo no hice caso.

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A las cero cero siete, cuando el agua es un espejo sin viento, mi dron sobrevoló la torre.

En los cascos, un latido sordo, luego una campanada… y otra. No eran doce. Fueron trece, separadas por sesenta y un segundos exactos.

El reloj del móvil parpadeó y marcó el quinto de septiembre de mil novecientos sesenta y nueve.

Abajo, bajo la superficie, la cámara recogió algo imposible: filas, bancos, siluetas inmóviles sentadas en misa, sombras de aire atrapadas en cristal.

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En la última fila, una mujer con mantilla giró la cabeza. No tenía ojos: tenía agua. Y sonrió.

Noté el frío subiendo por los tobillos aunque estaba en la orilla. En la radio del dron, voces rotas en latín y en ahogo, una misa que jamás debió terminar.

Dije mi nombre sin querer. La luz verde apareció detrás de la tronera y el nivel del agua, ante mis ojos, subió un dedo. Tres centímetros; el pantano parecía respirar.

Corté motores y corrí. Al revisar la tarjeta, en el último fotograma la mujer alzó la mano: llevaba mi medalla de San Blas. En la esquina, un susurro: vuelve. La campana, desde el agua, dio la catorce. Y el silencio se llenó de gente.

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