Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

La monja del Hospital Puerta del Mar de Cádiz

Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz

Perdido en los pasillos del Hospital Puerta del Mar, Andrés sigue a una monja que parece conocer un camino que nadie le ha pedido.

Hospital Puerta del Mar, en Cádiz. Si eres de allí, has pasado por sus pasillos. Y casi seguro que has oído hablar de la monja.

Los testimonios están publicados, puedes buscarlos. Enfermeras, celadores, pacientes. Todos la describen igual: hábito de otra época, siempre de noche, siempre cerca de los ascensores. Y siempre se aparece a los que van perdidos.

Hasta ahí, la leyenda. Lo que no cuentan los periódicos es lo que le pasó a Andrés una madrugada de enero.

«Mi madre estaba ingresada en la quinta planta. Bajé a por un café de máquina y, al volver, me equivoqué de pasillo. A las tres de la mañana todos son iguales.»

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Fue entonces cuando la vio. Al fondo del pasillo, quieta junto a un ascensor, una monja con un hábito que ya no se lleva.

No dijo nada. Solo levantó la mano y le hizo un gesto muy simple: sígueme.

«Pensé que sería del hospital, que me llevaba de vuelta a la quinta. Así que la seguí.»

Pero la monja no lo llevó a la quinta planta. Se detuvo delante de una habitación con la puerta entreabierta. Dentro, un monitor pitaba cada vez más despacio. Y no había nadie.

La monja lo miró. Y señaló la puerta.

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«Ahí me entró el miedo de verdad. Di media vuelta y eché a correr. Las escaleras las encontré yo solo.»

Por la mañana se enteró. En aquella habitación, un hombre había muerto de madrugada. Solo. Nadie llegó a tiempo de cogerle la mano.

Andrés no le contó nada a su madre. No hizo falta.

«Anoche vino una monja a verme, hijo. Muy amable. No preguntó por mí. Preguntó por ti. Sabía tu nombre.»

Así que si alguna madrugada, en el Puerta del Mar, una monja te ofrece el camino... síguela hasta el final. No te lleva a donde tú quieres ir: te lleva a donde haces falta. Y si la dejas a medias, recuerda que ella ya sabe cómo te llamas.

Este relato nació como un vídeo

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