Relatos Extraordinarios

Relato de ficción ambientado en un lugar real

La puerta verde del túnel de Vielha

Túnel de Vielha, Vielha e Mijaran (Lleida)

Óscar recuerda haber cruzado el túnel de Vielha en seis minutos, pero las cámaras registraron casi una hora y una presencia inesperada.

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El túnel de Vielha, en Lleida. Más de cinco kilómetros bajo la montaña, y la única forma de entrar al valle de Arán cuando la nieve cierra los puertos.

Óscar lo cruzó un martes de madrugada, volviendo de Francia con la furgoneta de reparto vacía. Entró a las once cuarenta y uno. Lo sabe porque quedó grabado.

Hacia la mitad del túnel, junto a una de las puertas verdes de emergencia, había un hombre de pie. Quieto, con ropa de trabajo antigua, la mano levantada como quien pide que le lleven.

Óscar levantó el pie del acelerador. Un segundo, lo justo. Pero nadie camina por dentro de ese túnel a esas horas, y el miedo pudo más. Pisó a fondo y no paró hasta ver el cielo.

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Llegó a casa, descargó, se acostó. Un viaje como otro cualquiera.

Tres semanas después llegó la carta. Control de explotación del túnel de Vielha. No era una multa por velocidad. Era un requerimiento por detención prolongada en el interior.

Según el sistema, su furgoneta tardó cincuenta y cuatro minutos en recorrer los cinco kilómetros. Entró a las once cuarenta y uno. Salió a las doce y treinta y cinco.

«Eso es imposible. Yo ese túnel lo crucé de un tirón. Cinco minutos, seis como mucho.»

«La cámara térmica registró su vehículo detenido en el punto kilométrico dos coma seis. Cincuenta y cuatro minutos, señor. Esos datos no se equivocan.»

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Óscar reclamó por escrito y pidió las imágenes. Le enviaron dos fotogramas: el de la boca de entrada y el de la boca de salida.

En el primero está él, solo, con las manos en el volante. En el segundo, la misma furgoneta, la misma matrícula, y en el asiento del copiloto alguien sentado, con la cara vuelta hacia él.

Óscar no recuerda esos cincuenta y cuatro minutos. No recuerda abrir ninguna puerta ni a nadie subiendo. Solo recuerda haber levantado el pie al pasar junto a aquella puerta verde.

Las puertas verdes comunican con el túnel viejo, el de 1948, excavado a pico durante veinte años y cerrado al tráfico. Los de mantenimiento lo recorren a diario. Nunca de uno en uno.

Así que si cruzas el túnel de Vielha de noche y ves a alguien esperando junto a una puerta verde, no levantes el pie. Ni un segundo. Cinco kilómetros dan para mucho. Sobre todo si al salir no los recuerdas.

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