Relatos Extraordinarios

Basado en un caso real

Romasanta, el caso del hombre lobo de Allariz

Allariz (Ourense)

En 1852, un vendedor ambulante confesó terribles crímenes y aseguró que una maldición lo transformaba en hombre lobo.

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Ilustración · Criaturas

Galicia, año mil ochocientos cincuenta y dos. Entre la niebla de los bosques de Allariz, se juzga el caso del primer asesino en serie documentado de España.

Su nombre es Manuel Blanco Romasanta. Un vendedor ambulante de apariencia tranquila y amable. Pero su confesión helaría la sangre de toda una nación.

Frente al juez, Romasanta declaró ser víctima de una terrible maldición. Juró que, en las noches de luna llena, se transformaba en un hombre lobo.

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Aseguró que no cazaba solo. Dijo formar parte de una manada de licántropos que acechaba en los caminos, buscando víctimas para saciar su hambre.

Trece asesinatos. Mujeres y niños que confiaron en él, atraídos por su falsa amabilidad para después no ser vistos nunca más.

Pero lo más escalofriante de su relato fue el destino de los cuerpos. Romasanta admitió haber extraído la grasa de sus víctimas para fabricar jabones que luego vendía.

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El veredicto fue la pena de muerte. El fin parecía sellado para el monstruo de Allariz. Sin embargo, la historia dio un giro digno de una pesadilla.

Un médico francés sugirió a la corte que Romasanta podría sufrir una extraña enfermedad mental, una monomanía conocida como licantropía clínica.

La propia reina Isabel Segunda, fascinada por el caso, intervino. Conmutó la pena de muerte por cadena perpetua para que los médicos pudieran estudiar su mente.

Romasanta murió en prisión años después, llevándose su secreto a la tumba. La pregunta sigue en el aire: ¿era un asesino astuto, un enfermo mental o, realmente, el Hombre Lobo de Allariz?

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