Relato de ficción ambientado en un lugar real
La parada fantasma del último nocturno de Madrid
Madrid
Cada madrugada, Marcos ve a una mujer esperando en una parada del sur de Madrid. El conductor insiste en que allí nunca deben frenar.
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En el extrarradio sur de Madrid, donde la ciudad se deshilacha en naves vacías y descampados, hay una parada de autobús con muy mala fama.
La línea es la N-94, el último nocturno hasta los polígonos, ese que coges cuando ya no queda nadie despierto.

Marcos la cogía cada madrugada al salir del almacén. Siempre el mismo conductor, siempre el mismo silencio, siempre tres o cuatro cabezas dormidas contra el cristal.
Una noche, entre la nave de pintura y el cruce de la depuradora, vio aparecer una parada nueva. Un poste solo, en mitad de la nada, con la luz parpadeando.
Había una mujer esperando. Quieta, de espaldas, con un abrigo largo y los brazos pegados al cuerpo, como quien lleva mucho rato sin moverse.
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El autobús no frenó. Marcos miró al conductor, y el conductor miraba al frente como si el poste no existiera.

«Oye, ahí había una persona. ¿No paras?»
«En esa parada no se para nunca, chaval. Lleva años sin línea. El que para ahí, ya no baja en la suya.»
Marcos se rió por dentro, de esas risas que se uno se traga para no parecer tonto. Pero la cara del hombre no acompañaba la broma.

Tres noches seguidas se repitió. La parada, la mujer de espaldas, la luz temblando. Y cada noche estaba un poco más cerca del borde de la acera.
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La cuarta noche, Marcos se quedó dormido. Cuando abrió los ojos, el autobús estaba parado. El motor apagado. Las puertas abiertas de par en par.
Y fuera, el poste. La luz quieta por primera vez. El asiento del conductor, vacío.
La mujer ya no estaba de espaldas. Estaba subiendo el primer escalón, despacio, sin levantar la cabeza.

«Es esta. Por fin alguien se ha quedado dormido en la mía.»
Lo encontraron al amanecer dentro del autobús, en la cochera, con el billete aún caliente en la mano.
A partir de ese día los que cogen el nocturno cuentan una cabeza más dormida contra el cristal.
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