Relato de ficción ambientado en un lugar real
La puerta que no existe en la T4 de Barajas
Terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas
Sergio conoce la T4 de Barajas de memoria, pero una voz anuncia su nombre completo para embarcar por una puerta que no aparece en los planos.
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Terminal cuatro del aeropuerto de Madrid-Barajas, un martes a las seis y media de la mañana. Sergio hacía el puente aéreo a Barcelona dos veces por semana, y podía cruzar esa terminal con los ojos cerrados.
Estaba pagando el café de siempre cuando la megafonía dijo su nombre.

«Último aviso para el pasajero Sergio Vilches Andrada. Embarque inmediato por puerta P catorce. Último aviso.»
Se quedó con la tarjeta a medio apoyar en el datáfono. Su vuelo salía en una hora, por la K ochenta y seis. Y en Barajas no hay puertas P.
«Será otro Sergio Vilches. Un error del sistema.»
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Pero la megafonía no dice segundos apellidos. Nunca. Y aquella voz había dicho el suyo, los dos, con una calma que no era de máquina. Podía haberlo dejado pasar. En vez de eso, echó a andar hacia el fondo del dique.

Pasó la última puerta K, donde se acaban las tiendas y la gente. Y allí, donde debería haber una pared, había un pasillo con un panel de obra apartado, lo justo para pasar una persona.
Al otro lado, una sala de embarque encendida. En la pantalla, en verde: P catorce, embarcando. El campo del destino estaba en blanco.
Había pasajeros esperando. Una fila entera, sentados, cada uno con su tarjeta de embarque en la mano. Nadie hablaba. Nadie llevaba equipaje. Nadie miró el móvil ni una sola vez.

«Pasajero Vilches Andrada. Le estábamos esperando. Puede embarcar.»
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El mostrador estaba vacío, pero la máquina de las tarjetas pitó en verde, sola, como si él ya hubiera pasado la suya. Sergio notó que las piernas le llevaban hacia la puerta. No recuerda haber decidido caminar.
Entonces le vibró el móvil. Iberia. Embarque abierto, puerta K ochenta y seis. Ese zumbido tonto de todos los martes le devolvió al mundo como un cubo de agua fría.
Salió de allí sin correr, porque algo le decía que correr era peor.

Ya en el aire buscó el vuelo, la puerta, cualquier cosa. Nada. En la T4 las puertas van con H, con J y con K. Las P no existen. No constan en ningún plano del aeropuerto. Compruébalo.
Sergio sigue haciendo el puente aéreo. Ahora cruza la terminal con auriculares, y no se los quita ni para pedir el café.
Así que ya lo sabes. Si en un aeropuerto oyes tu nombre completo, con los dos apellidos, para un vuelo que no sale en las pantallas, no vayas a la puerta. La megafonía nunca dice el segundo apellido. Lo que te llama, sí.
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